Mi nombre es VALIENTE

Mi nombre es VALIENTE
13 jun 2018
Relatos Autobiográficos
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Siempre he pensado que la vida está compuesta de capítulos, como si de un libro se tratase. Cada uno de nosotros va creando su libro compuesto de capítulos, en todos los libros hay capítulos bonitos, feos, dulces, amargos, visibles para los demás o capítulos que aunque estén escritos…son un secreto para los demás, solo lo has escrito tú y sólo lo lees tú cuando te ves capaz de hacerlo.

Mi nombre es Valiente (y espero que tú, puedas llamarte como yo muy pronto) tengo 25 años, y vengo a contaros un capítulo de mi vida, es un capitulo feo, amargo y sobre todo un capítulo secreto. Nadie sabe casi nada de todo lo que os voy a contar.

Aparentemente todo iba bien en mi vida, o eso quería hacerles creer a todos. Yo sabía que algo dentro de mí no iba bien, tenía sensaciones en mi cuerpo que hasta ese momento nunca había experimentado, pero lo dejaba pasar, me callaba y continuaba otro día más. El nudo en la garganta, en el pecho, la falta de aire, la sensación de estar rodeada de gente y sentirme sola cada vez aumentaba más. En mis pensamientos no cabía la opción de pedir ayuda, de que nadie viera que yo, que siempre había sido tan fuerte…estuviese experimentando esas sensaciones y atravesando malos momentos que para mí, significaban debilidad. Ya no era la niña alegre, alocada, la que siempre hacía de reír a todos a pesar de estar destrozada por dentro, aquella niña que era capaz de levantar el ánimo a cualquiera que se encontrara 10 metros bajo tierra. Ya no era esa, había dejado de ser fuerte (o al menos eso pensaba yo), necesitaba ayuda, necesitaba que alguien me levantara ahora a mí, necesitaba sentir que todas esas personas que me rodeaban también estaban para mí. Decidí contarle a mi madre lo que me estaba pasando y a pesar de costarme mucho tiempo hasta dar el paso, por fin, llegué a la consulta de Luis Fernando.

Mi primer día no fue fácil, pero al salir de allí sentí un alivio inmenso de haber dado ese paso. Con el paso de las citas me fui dando cuenta de que le había contado cosas que jamás pensé que saldrían de mi boca. En mis primeras citas no era capaz de hablar de ciertas cosas, hasta que un día Luis Fernando me propuso hacer una línea de mi vida, con todos los momentos buenos y malos que recordara de ella.

Estando en casa decidí hacer la línea de la vida, pero además decidí contarle TODO, por escrito…sabía que era la mejor forma de sacar todo lo que había guardado en mí.

En esa línea de vida había miles de momentos buenos con mi familias, amigos, mi graduación, mis experiencias de viajes…ect. Pero también había momentos malos que, de una forma u otra, habían marcado mi vida. Dentro de esos momentos había dos momentos puntuales, el primero que conté fue mi relación de pareja. Todo empezó cuando tenía 14 años, era el chico que me había gustado desde más pequeña y por fin había conseguido salir con él. Mis padres al enterarse, no les gustó la idea de que su niña de 14 años saliera con un chico de 17, un chico que no era el chico que cualquier padre querría para su hija. Era un chico rebelde, salía con chicos más mayores que él y hacía muchas cosas que no iban acorde con su edad. Aun así, yo no hice caso a mis padres cuando me dijeron que no me querían volver a ver con él. Yo seguí, me costaron broncas con mis padres, dejarme de hablar con mi padre, mal ambiente en casa…etc. Pero no les quedó otra que aceptar la relación. A simple vista todo iba bien, él cambió mucho en cuanto a sus malos hábitos, amistades…y su conducta rebelde con los demás. Los años iban pasando y mis padres estaban contentos con la relación, a simple vista no iba mal. Parecíamos felices. Su actitud conmigo no tenía nada que ver con lo que veían los demás, era muy diferente, pero él lo disimulaba muy bien…y yo lo hacía todavía mejor. Desde el principio no me respetó, no me valoró, no valoró lo bien que le he querido. No valoró que para mí, él siempre estuviese por encima de todo y de todos…incluso de mí. Con 15 años me propuso tener nuestra primera relación íntima, yo no quería, era una niña, no estaba preparada. No sé de qué manera lo hizo, pero poco a poco fue anulando mis decisiones, y mis decisiones en muchos aspectos eran las suyas...hizo que aceptara y que mantuviésemos esa relación. A partir de ahí, para mí las relaciones nunca eran apetecibles, pero casi siempre tenía que aceptar porque si no se enfadaba…y sus enfados no eran, en absoluto, una conversación en la que se hablaran las cosas. Él y todo lo que ha conllevado esa relación ha sido lo que me ha enseñado a callarme todo, a no contar nada, a aparentar estar bien a pesar de haber sufrido una bronca tormentosa hacía 5 minutos, a poner una sonrisa de oreja a oreja a pesar de estar con los ojos vidriosos de lágrimas. Yo sentía que no quería estar con él, pero no me veía capaz de dejar la relación, él me había enseñado a que yo tenía que cuidar de él y pensar antes en él que en mí, yo quería dejarlo todo, pero no concebía el verle solo…me daba miedo su reacción. Me sentía sola y no sabía de qué manera actuar, ya que también había conseguido que cada vez pasara más tiempo con él y menos con mis amigas. A los 3 años de relación me fue infiel, a pesar de todo le perdoné, pero ya las cosas estaban cambiando…yo estaba cambiando, contaba más cosas a mis amigas y tras 4 años más de relación, por fin, fui capaz de tomar la decisión. Fue el día más feliz de mi vida. Mi relación tuvo más momentos malos que buenos. Pero para la gente, ha sido una relación feliz porque es lo que yo he tenido que aparentar. Nadie sabe lo que hay detrás de esos 7 años. Nunca he estado en el infierno, pero deben vivirse momentos muy parecidos. Tener que estar con una persona con la que con el paso del tiempo empiezas a sentir rabia, asco, impotencia…y aun así te ves “obligada” a estar con ella…es un puro infierno.

Otro momento difícil de mi vida, fue cuando mi hermano pasó una mala racha en cuanto a salud. Como de costumbre yo iba con mi sonrisa a todas partes, levantaba el ánimo a todos los que se preocupaban por él. Era capaz de tranquilizar a mi madre y hacerla sentir que todo iba a pasar y que todo iba a quedar en un susto, en una mala racha (al final fue así, gracias a dios). Pero, ¿A mi quien me tranquilizaba?, ¿a mi quien me ayudaba?, ¿con quién me consolaba? Con nadie. Valiente había aprendido a lo largo de su vida que ella tenía que cuidar de todos, que ella no podía causar sufrimiento a nadie, que ella debía tirar del carro pese lo que pese, que ella tenía que sonreír siempre y aparentar estar bien, quitar importancia a las cosas, no pedir ayuda, llorar sola en su cama y amanecer con la mejor sonrisa que tuviera. Y así fue durante mucho tiempo. Pero ya no pude más y fue cuando todo empezó a salir a flote.

Otra de las cosas importantes de este capítulo, ha sido mi obsesión por verme siempre mejor, por no parecerme que nunca estoy lo suficientemente delgada o guapa, por querer que todo me salga a la primera, por el miedo al fracaso, por el miedo a la soledad, por no disfrutar de las pequeñas cosas que te da la vida, de las personas que me rodean, por estar siempre pendiente de agradar a los demás en lugar de agradarme a mí. Por importarme demasiado como me van a ver los demás si no actúo o no estoy “perfecta”, por miedo a que no me quieran si no les doy lo que ellos esperan de mí. Todo esto desemboca en un problema de ansiedad y de refugiarme en la comida, haciendo la pelota aún más grande, más difícil…siendo todo esto, el pez que se muerde la cola.

 

Tras contarle todo esto a Luis Fernando, él puedo entender mi situación y explicarme lo que me estaba ocurriendo. Esa sensación de la que os he hablado al principio, era ansiedad. Gracias a la terapia que he realizado con él, he podido entender y explicaros mí historia de esta forma. He podido entender lo que me pasa y porque me pasa, he entendido que las personas aprendemos de forma inconsciente a comportarnos de diferente forma según las experiencias que vivimos. He entendido que si a una niña de 2 meses le das una piruleta de 10 cm no va a ser capaz de digerirla. Al, igual que si a una niña de 15 años le haces pasar por experiencias que no le tocarían a su edad, lo más fácil es que reaccione de una forma que no reaccionaria una persona adulta, que aprenda a ver la vida de una forma que no le toca y que con el paso del tiempo todos esos recuerdos se transformen en dolor y ansiedad si no se han digerido. Y que cada vez que te ocurran situaciones que te produzcan emociones parecidas…vas a sentir esa sensación que ya sentiste y va a aparecer una sensación de alarma y alerta en la que tu cuerpo te va a indicar que hay algo que te está poniendo en peligro.

Gracias a Luis Fernando, he aprendido a digerir todos esos malos recuerdos, gracias a su terapia he sabido identificar lo que me estaba haciendo daño. He aprendido que el valor que te van a dar las personas va a ser el valor que tú misma te des, que cada uno de nosotros somos preciosos simplemente por ser como somos. Que para que nos respeten, antes, tenemos que respetarnos nosotros. Que tenemos que permitirnos sentir diferentes emociones de una forma segura, que todos podemos tener días malos y pedir ayuda, que alguna vez en nuestra vida podemos sentirnos tristes y tener derecho a sentirnos así, que no hay que evitar ni esconder ningún sentimiento ni emoción. Que si no escondo mis sentimientos también puedo ser fuerte y sobre todo, si nunca escondo mis emociones, mis sentimientos y pido ayuda estaré siendo VALIENTE. Estaré siendo YO.

 

 

 

En muchos momentos de este capítulo me he visto dentro de un agujero negro, no veía nada de luz, pensaba que el resto de mis días iba a tener que vivirlos así. Tras estos meses, poco a poco iba viendo un rayito de luz, cada día uno más….hasta que por fin consigues salir de ahí. Sé que aún me queda mucho camino por recorrer, seguir poniendo en práctica todos los consejos de Luis Fernando, seguir con actitud y seguir siendo valiente. Pero lo que si tengo claro después de la terapia es; que el primer paso para ver ese rayito de luz es pedir ayuda. Que todos podemos salir de ese agujero en el que estamos metidos por alguna razón, y que si yo he podido…tú también puedes. Sé como yo, sé VALIENTE!

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Psicólogo Luis Fernando Rivas
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